LESA HUMANIDAD El rol de la embajada argentina en Brasil para el Plan Cóndor  “El sacerdote Jorge Adur volvió de su exilio en Francia para integrar la Contraofensiva y fue secuestrado en el puente internacional que une Paso de los Libres y Uruguaiana cuando viajaba a Puerto Alegre”.
“Los dos (Lorenzo Viñas) fueron llevados al centro clandestino La Polaca, en Paso de los Libres, y después a Campo de Mayo”.
La sede diplomática coordinó el seguimiento y vigilancia de los exiliados y los militantes montoneros. Su accionar en los secuestros de Norberto Habegger y Horacio Campiglia.
La coordinación secreta entre los gobiernos de Argentina y Brasil, dentro del Plan Cóndor, tuvo entre 1976 y 1983 tres oficinas clave cuyo desempeño, hasta ahora, se había mantenido en silencio. Los principales puntos de ese tráfico de información para perseguir opositores en todo el Cono Sur fueron la embajada argentina en Brasilia y los consulados en las ciudades de San Pablo y Río de Janeiro. Las tres delegaciones diplomáticas cumplieron un papel fundamental en la desaparición de al menos una decena de argentinos y brasileños y su operatividad estuvo en manos del, por entonces, embajador argentino ante Brasil, Oscar Camilión, quien cumplió esas funciones entre 1976 y 1981, para luego ser nombrado canciller. Con los años, esos no serían los únicos cargos que ocuparía el reconocido intelectual desarrollista mimado por el ex presidente Arturo Frondizi. Entre 1993 y 1996 fue ministro de Defensa de Carlos Menem. Mucho antes había sido jefe de Redacción de Clarín, hasta 1972, publicó Tiempo Argentino.
Una investigación realizada por la Cancillería argentina revela el papel que Camilión jugó mientras estuvo a cargo de la representación nacional en Brasil. La investigación, realizada por los diplomáticos Carlos Lohlé y María Teresa Piñero, de la Comisión de Relevamiento para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cancillería, repasó más de 12000 fojas de información clasificada. El papel del ex embajador Camilión fue tan vasto que, dentro del Archivo Nacional de Brasil, "con sólo colocar "Montoneros" y/o "Camilión" como palabras clave, surgen 680 documentos secretos, ahora desclasificados, producidos por los servicios de inteligencia brasileños, el equivalente a 21 gigas de información.
EL EMBAJADOR DESARROLLISTA
En los documentos a los que tuvo acceso Tiempo se puede advertir que, debajo de la investidura diplomática, las tres oficinas en Brasil albergaron a verdaderos Grupos de Tareas que se dedicaron a perseguir al creciente exilio argentino que buscó refugio en tierra "verdeamarella". Camilión no sólo controló pasaportes, visas, y reportó paraderos, sino que siguió de cerca a los militantes de Montoneros que llegaban a Brasil para seguir viaje a su país y formar parte de la Contraofensiva que había organizado esa organización político militar.
Los cables cifrados revelan que en la embajada argentina se nombraron varios agentes de inteligencia para llevar adelante las tareas represivas: integrantes de la SIDE y el personal de la Dirección General de Informaciones, que dependía de la inteligencia de la Armada.
Para los investigadores de Cancillería, "dentro de las representaciones funcionaba personal que no solo estaba explícitamente eximido de tareas diplomáticas y consulares, sino que tenía como tarea principal la coordinación represiva, la contrainteligencia, el espionaje y, eventualmente, la apoyatura a los secuestros realizados en territorio brasileño por represores de ambos países".
Como parte de esa estrategia, en diciembre de 1978 fue designado como agregado militar en Brasilia el entonces coronel Jorge Ezequiel Suárez Nelson, quien hasta ese momento había estado a cargo de la Central de Reunión del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército. Al menos siete argentinos fueron víctimas de la coordinación represiva entre ambos países en la última dictadura: Norberto Armando Habegger, Horacio Campiglia y Mónica Pino Binstock, Liliana Inés Goldenberg y Eduardo Gonzalo Escabosa, el padre Jorge Adur y Lorenzo Viñas.
HUÉSPEDES MILITARES Y MUERTES CIVILES
El periodista y escritor Habegger, alto dirigente de Montonero, fue secuestrado el 31 de julio 1978 en Río de Janeiro, cuando llegó a la ciudad brasileña desde México para organizar la Contraofensiva. Días antes de su secuestro, comenzaron a aparecer los primeros cables que daban cuenta de una estrategia de Argentina para comenzar a cercar a los exiliados en Brasil. El 21 de julio de 1978, una circular telegráfica (encontrada en el consulado de Río) instruye que "toda comunicación cablegráfica relacionada con viajes o desplazamientos de comisiones militares, miembros de las fuerzas armadas o servicios de inteligencia, deberá en el futuro cursarse cifrado".
Unos días después, el 27 de julio de 1978, la embajada argentina de Brasilia envió un cable secreto a los consulados en el resto del país carioca para que "eleven a la Dirección General de Informaciones la lista actualizada de residentes argentinos registrados debiendo, en lo posible, constar domicilio, edad y profesión".
"Lo que sabemos es que su secuestro se llevó a cabo por tres militares argentinos que actualmente están encarcelados en Argentina por otro delito. Habrían tenido la ayuda de la represión brasileña para capturarlo", señaló Andrés Habegger, hijo de Norberto, al declarar ante la Comisión Nacional de la Verdad de Brasil en 2013. Como responsables señaló a Enrique José Del Pino, Alfredo Omar Feito, integrante del Batallón 601, y Guillermo Víctor Cardozo, condenados por crímenes en los centros clandestinos de detención porteños bajo la órbita del Primer Cuerpo de Ejército.
Según reconstruyó la Cancillería, al año siguiente del secuestro de Habegger llegó a Río el contraalmirante Jorge Demetrio Casas. Se desconocen las actividades que realizó en Brasil. Sin embargo, sus antecedentes hablan por él: cuando era director de Operaciones de la SIDE, Casas fue quien firmó el acta fundacional del Plan Cóndor en representación de Argentina en la cumbre que se realizó en Chile en noviembre de 1975 para planificar la persecución regional a los organizaciones revolucionarias.
En 1980, otros seis militantes de Montoneros fueron detenidos ilegalmente en territorio brasileño. Horacio Campiglia y Mónica Pino Binstock fueron secuestrados el 12 de marzo de 1980 en Río de Janeiro. Campiglia, alias Petrus, era miembro de la conducción de Montoneros y viajaba con el objetivo de dirigir la resistencia contra la dictadura. La travesía la hicieron separados desde México y con documentos falsos. Según documentación desclasificada por el departamento de Estado de Estados Unidos, a partir de los tormentos a un militante montonero, lograron conocer la llegada de ambos dirigentes, quienes habrían sido capturados en el mismo aeropuerto. Brasil dio permiso para la llegada de un Grupo de Tareas en un Hércules, que utilizaron para sacarlos de Río y llevarlos directamente del centro clandestino de detención de Campo de Mayo.
El 26 de junio de 1980, el sacerdote Jorge Adur y Lorenzo Viñas, militantes de Montoneros, fueron secuestrados en la frontera argentina con Brasil. Adur fue uno de los fundadores de los sacerdotes del Tercer Mundo y se había convertido en capellán del Ejército Montonero. Volvió de su exilio en Francia para integrar la Contraofensiva y fue secuestrado en el puente internacional que une Paso de los Libres y Uruguayana cuando viajaba a Puerto Alegre. Ese mismo día, también fue capturado Viñas, quien se dirigía a Río de Janeiro. Los dos fueron llevados al centro clandestino La Polaca, en Paso de los Libres, y después a Campo de Mayo.
Unos meses después, el 3 de agosto de 1980, Liliana Inés Goldenberg y Eduardo Gonzalo Escabosa fueron interceptados cuando intentaban volver al país por Puerto Iguazú, Misiones, desde Foz de Iguazú. La pareja, al verse emboscada, decidió tomar cianuro y murió sobre la embarcación en la que viajaban. Su captura había sido detalladamente planeada entre Argentina, Brasil y Paraguay.
Semanas antes de la llegada de Goldenberg y Escabosa, los jefes de Inteligencia de Paraguay advirtieron a sus pares de Brasil sobre el ingreso de militantes Montoneros en ese lugar de la triple frontera. Los militares paraguayos habían recibido la visita de personal de Inteligencia de la ESMA que, bajo el nombre falso de un detenido- desaparecido, Orlando Ruiz, entregaron información para detener a la pareja. Ruiz también había llegado al país para la Contraofensiva y había sido detenido y mantenido en cautiverio junto a su mujer, Silvia Dameri, sus dos hijos y su hija nacida en la ESMA (restituida en 2008 por Abuelas de Plaza de Mayo).
Horror sin fronteras
En los informes de la Comisión brasileña de la Verdad, publicados en diciembre de 2014, se destaca los casos de argentinos desaparecidos en ese país. “A la vista de los documentos y testimonios expuestos, es evidente que se cometieron violaciones graves de derechos humanos contra ciudadanos argentinos en Brasil, por acciones de agentes brasileños y argentinos, con el conocimiento de las autoridades gubernamentales de alto nivel de Brasil y Argentina”, señala el órgano, creado en 2012 por la gestión de Dilma Rousseff para investigar especialmente los delitos de la dictadura militar que gobernó entre 1964 y 1985.
Al referirse a la persecución de militantes argentinos, la Comisión cita documentación secreta de inteligencia de la dictadura en la que queda claro que el régimen brasileño asistió a los represores argentinos para el secuestro y desaparición de personas en su territorio.
“Bajo el mando del coronel José Nogueira Belham, Jacy Ochsendorf conformó la subsección de Centro de Informaciones del Ejército, responsable de los "agentes especiales" entre 1978 y 1981. Durante ese período desaparecieron tres ciudadanos argentinos (Habegger, Campiglia y Pinus Binstock) y dos ciudadanos argentinos (Goldenberg y Escabosa) se suicidaron a punto de ser detenidos en la frontera con Argentina”.
También da cuenta de un seguimiento de las fuerzas brasileñas a los militantes argentinos exiliados. En los informes se destaca, por ejemplo, que “desde 1977 hasta la desaparición de Habegger, Brasil era la base más importante de América del Sur de la organización subversiva. Vivían en Río de Janeiro miembros de la conducción, como Raúl Yaguer y Horacio Mendizabal, acompañados de elementos del más alto nivel, como Pereira Rossi, secretario de Propaganda, Horacio Campiglia, secretario Militar, y "Edgardo”, segundo jefe de Estado Mayor del Ejército montonero”.
En ese documento, los brasileños proponen “un intento de infiltración en estos sectores, que posibilite resultados positivos en un lapso corto”.
Roca, el caso que no fue
Gustavo Roca fue un comprometido y muy reconocido abogado de presos políticos y sindicatos de la Argentina. Bien podría haber engrosado la lista de desaparecidos en Brasil si una orden emanada del Palacio San Martín hubiese dado sus frutos. En el consulado de Río de Janeiro se pudo encontrar un mensaje secreto donde se ordena: “De presentarse (el) ciudadano Gustavo Adolfo Roca, se abstendrá prorrogarle (el) pasaporte (número) 9.290.065 debiendo serle retirado y otorgarle provisorio (cuyo) objeto (sea el ) regreso (a la) república”.
El cable diplomático tiene fecha de octubre de 1976 y respondió a la salida clandestina del país de Roca, por Brasil, y su declaración en septiembre ante el Congreso norteamericano sobre las violaciones a los Derechos Humanos en la Argentina. Desde el exilio en España, fue un gran luchador por los Derechos Humanos.
Martes, 24 de marzo de 2015
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